jueves, 13 de febrero de 2014

Lord of the Night, de Simon Spurrier


"We shall not rest. We shall not flee. We shall not succumb." His master's voice. Dredged from memories, again. Circling in his mind, now as always.
"No relief until the insult is repaid. No satisfaction until the traitor emperor is dead. No rest until the galaxy cries aloud with one voice, one shriek, one howl of terror: Ave Dominux Nox!"
 Sahaal threw back his head, cursed the doubts that had even dared to enter his mind, and shrieked with the hate that had sustained him for one hundred centuries.


Ambientada en "el lejano futuro del cuadragésimo primer milenio" y teniendo en cuenta que es un libro para frikis del Warhammer 40000, me veo en la obligación de decir que me ha parecido un libro superior a la media de lo que suelen ofrecer las novelas basadas en este sugerente universo.
 
La historia narra las peripecias de Sahaal, marine espacial de la legión traidora de Los Amos de la Noche, en su búsqueda de una reliquia legada por su Primarca. Sahaal, que ha permanecido en animación suspendida desde el final de La Herejía hasta "la actualidad", despierta dentro de su nave estrellada a tiempo para ver cómo el saqueador que ha robado la reliquia se dirige a una ciudad colmena. El Amo de la Noche le sigue, dispuesto a acabar con toda la población para recuperar su objeto sagrado. La sangrienta cacería del marine no pasará mucho tiempo desapercibida: la psíquica Mita Ashyn, perteneciente a la Inquisición, comenzará una cacería para acabar con el oscuro cazador...
 
Simon Spurrier consigue narrar una historia llena de traiciones, motivaciones ocultas y trampas dentro de trampas utilizando dos puntos de vista diferentes: el de Sahaal, traidor al Emperador pero que no ha caído bajo el dominio del Caos, y el de Mita Ashyn, fiel devota del Emperador y bajo las órdenes de un poderoso Inquisidor. Los momentos más conseguidos del escritor están en los atroces métodos de Sahaal (torturando a mujeres, niños y viejos, o al astrópata con el que pretende hacer "una llamada"), los recuerdos que nos acercan al Primarca de Los Amos de la Noche, la determinación de Mita y ese, para mí, impresionante final que deja en una difícil situación a Sahaal.
 
Por otra parte, me parece que los únicos personajes bien definidos y que evolucionan a lo largo de la obra son los dos mencionados anteriormente. El resto de personajes sólo están ahí para interactuar con ellos sin aportar demasiado ni hacerse un hueco en la memoria del lector.
 
Como ya he comentado anteriormente, aunque esté restringido a círculos frikis, me ha parecido de los libros del Warhammer 40000 más logrados de los que he podido leer: entretenido, original en su planteamiento y alejado del "marine bueno, marine malo" tan habitual en estos lares. La única pega, que no está en castellano y hay que currárselo en inglés...

jueves, 16 de mayo de 2013

La Vaquilla


Castro: ¿Podéis callar un momento?
Portavoz nacional: ¿Por qué? No me da la gana, estoy hablando yo...
Castro: ¡¡¡¡¡¡Que os calléis, cojones!!!!!!
Portavoz nacional: Bueno, bueno, me callo. Pero las cosas se piden con más educación...
Castro: A ver si nos enteramos: o dejáis de joder la marrana con vuestra fiesta o esta semana no hay intercambio... ¡Y liáis los pitillos con papel de limpiarse el culo! Y el que avisa no es traidor. Corto.

Título original: La Vaquilla
Director: Luis García Berlanga
Actores: Alfredo Landa, Santiago Ramos, Juanjo Puigcorbé, Guillermo Montesinos, José Sacristán, Carlos Velat, Eduardo Calvo, Violeta Cela
Año: 1985
Duración: 122 minutos (aprox.)

 Hablando sin tapujos ni ideas preconcebidas, se puede afirmar sin problemas que el cine español actual es como un truño infecto pinchado en un palo: cine autocomplaciente subvencionado, visiones subjetivas y de vergüenza ajena sobre temas mañidos (guerra civil/ETA/etc.) o clones sin alma de películas cochambrosas americanas. ¿Pero es que no hay cine español de calidad, si nos salimos de los clásicos del destape de Pajares y Esteso? Pues sí, claro que sí, pero hay que buscar en el siglo pasado y con lupa para descubrir las joyas de artesanos como Villaronga, Ibáñez Serrador, Garci o Buñuel (entre otros).
Castro explica el plan al teniente Broseta... 
 Aún afectado por el reciente fallecimiento del mejor actor español de todos los tiempos, me ha parecido oportuno reseñar la que es sin duda la mejor película del cine español: La Vaquilla. Puede parecer una elección extraña ya que, en apariencia, "sólo" es una comedia ambientada en la guerra civil española pero, tratándose de Luis García Berlanga, el humor sólo es un disfraz con el que enmascarar el horror...
 
 Este peliculón nos sitúa en algún lugar del frente aragonés, donde hace tiempo que no se intercambian tiros y se vive en una especie de "alto el fuego" generalizado. El anuncio de las fiestas de un pueblo en territorio nacional hace que los líderes locales del bando republicano se preocupen por la bajada de moral (y las posibles deserciones en masa) que producirá la festividad. Pero las mentes pensantes republicanas tienen un plan espectacular para convertir el problema en una solución: un pequeño comando se infiltrará en el pueblo y robará la vaquilla que piensan utilizar en la plaza de toros de las fiestas, minando la moral enemiga por el golpe de efecto y de paso alimentar con ella a las tropas republicanas... Y ya está. Con esta simple (y en ocasiones delirante) premisa, Berlanga desacraliza la mitificada guerra civil mientras nos cuenta las peripecias del comando republicano en pos de la vaquilla nacional. Y a cada minuto del viaje, no duda en meter el dedo en el ojo a todos los estamentos que se paseen por la pantalla: nacionales, republicanos, clero, aristocracia... ¡Y la mitad de veces ni te enteras!
El comando descansa en su camino hacia el pueblo...
 El bravo comando republicano está formado por el teniente Broseta (peluquero de profesión, con un correcto José Sacristán), el cabo Castro (el único militar de oficio, interpretado de forma mítica por Alfredo Landa), el "Limeño" (Santiago Ramos también borda su papel de torero encargado de liquidar a la vaquilla, aunque Castro prefería al disecador), Mariano (otro papelón de Guillermo Montesinos, que es el encargado de guiar al grupo al pueblo del que es oriundo) y el cura "rebotado" (Carlos Velat interpreta a un iniciado que dejó los hábitos y lo llevan por si sus conocimientos en temas católicos les pueden salvar el día). Acompañando a este peculiar grupo, descubriremos que pertenecer a un bando o a otro depende mayormente del azar (o de si votaste a quien no tocaba), que ante las necesidades más básicas del ser humano no hay enemigo ni ideología que impida relacionarse, que la mayoría de la gente quiere vivir tranquila sin preocuparse por historias raras que ni le van ni le vienen o que "picha dura no cree en Dios", entre otras grandes lecciones.
 
 La habilidad de Berlanga no se limita a sacar lo mejor de cada uno de los actores que están bajo sus órdenes, aunque ya sería algo digno de mención. No, la grandeza de Berlanga se extiende a más allá de lo que podemos ver en primera línea, justo detrás, si logras desviar la vista de lo que sucede inmediatamente delante de la cámara descubrirás que siempre están pasando cosas "por detrás": el tonto del pueblo se lía a "santazos" en la procesión, Castro y Mariano discuten sobre no se sabe muy bien qué... Y entre situaciones absurdas y momentos disparatados llegamos a ese doble final histórico: el Limeño se pone serio por primera vez en la película y resume los problemas de España en dos palabras. Luego, para que tengamos tiempo de reflexionar, el gran Berlanga nos regala unos planos a "vista de buitre" para que no tengamos ninguna duda al respecto.
 
 Mi reencuentro anual con La Vaquilla ha sido en esta ocasión más sentido. Saber que ya no contaremos con más apariciones del genio llamado Alfredo Landa (como esos intensos momentos que nos regaló en El Oro de Moscú) siempre es una mala noticia. Desde aquí, espero que descanse en paz...

sábado, 20 de abril de 2013

Ultimate Vengadores


Agente de I.M.A.: Lo siento, agente Barton, pero el Capitán América estaba en la explosión que acaba de oír. Me temo que ya sólo quedamos usted y nosotros.
 
Capitán América: Sí, claro. ¿A qué niña le detiene una bomba?
 
Editorial: Planeta DeAgostini
Guión: Mark Millar
Dibujo: Varios
Nº de páginas: 48 cada número
PVP: 3,75 € cada número
 
 La línea Ultimate, destrozada por gente como Bendis o Loeb y mamarrachadas como Ultimatum o "Soy Cable, el Lobezno del futuro", había perdido todo el sentido y atractivo que tuviera tiempo atrás. Los anteriormente gloriosos Ultimates ahora sufrían las idioteces que escribía Loeb, Spider-Man seguía tontería tras tontería con Bendis y de Los 4 Fantásticos y los X-Men no es necesario mencionar nada más...
Cráneo Rojo Ultimate

 Con este pobre trasfondo, el creador de los Ultimates volvió a su universo Marvel particular para, de nuevo, "liarla parda". Pero Mark Millar no se limitaría a seguir los pasos que antaño le llevaron a concebir la obra maestra del universo Ultimate, no señor... ¡Mark Millar había vuelto para divertirse!
 
 Tras los (lamentables) sucesos descritos en Ultimatum, vuelven a poner a Nick Furia a los mandos de un grupo especial de operaciones encubiertas: Ultimate Vengadores. De este modo, el bueno de Furia podrá reclutar a los agentes que considere más oportunos para cumplir misiones sucias y comprometidas que no deben salir a la luz pública. Y aquí ya vemos a Millar disfrutar como un niño, pues a lo largo de los cómics desfilarán multitud de personajes, viejos conocidos y sacados de la manga para la ocasión: Capitán América, Ojo de Halcón, Máquina de Guerra, una nueva Viuda Negra, el hermano de Tony Stark (!?), un clon de Hulk, el primer Hulk (!?), Blade... Todos ellos dejándose llevar al más puro estilo Millar de destrozar antes y preguntar después, mientras el lector pasa las páginas abriendo cada vez más los ojos por las animaladas, golpes de efecto y Deus ex Machina que se suceden más rápido que las frases lapidarias. 
 
 La colección consta de 12 números, divididos en cuatro aventuras diferentes y más o menos autoconclusivas, con el guión bien cubierto por nuestro especialista en sobradas. La parte gráfica va variando de saga en saga: el enfrentamiento con Cráneo Rojo cuenta con los lápices de Carlos Pacheco, la lucha contra el Motorista Fantasma está narrada por Leinil Francis Yu, las guerras vampíricas cuentan con el particular arte de Steve Dillon y la apoteosis final permitirá volver a disfrutar (a quien le guste) de Yu.
 
 De todas formas, entre tanto cachondeo y acción, Millar no perderá la ocasión de meterse con situaciones de actualidad a su peculiar manera. Las motivaciones últimas de un terrorista internacional, los juegos de poder dentro del poder que están tan a la orden del día, las protestas "espontáneas" en países árabes... Todo se mostrará, con mayor o menor sutileza, mientras los héroes de turno se dedican a intercambiar "impresiones" entre ellos o entre sus adversarios.
 
 Lleno de momentos espectaculares (casi cualquier aparición del Capi, los giros en la historia de los vampiros, el ajuste de cuentas final...) y situaciones rocambolescas (cualquier personaje creado para la ocasión: Hulk friki, La Araña, El Primer Hulk...), Ultimate Vengadores es un cómic ameno y entretenido con el que pasar un buen rato. Se dice por ahí que Millar se molestó con Marvel porque en los X-Men del universo "normal" se dedicaron a hacer también una guerra de vampiros, y este pique forzó la salida de Millar y el final de la colección. Una verdadera lástima, porque la cosa podría haber continuado sin que la temática se hicera obsoleta...


Sí, alguien ha golpeado a Roddey con una avioneta (con piloto y todo)
 Ultimate Vengadores no llega a hacerle sombra a los Ultimates originales ni lo pretende tampoco, sólo se trata de sentarse y reir mientras los personajes deambulan y las pasan canutas por las delirantes situaciones en las que los sitúa Millar. O puede simplemente que el que escribe estas líneas no sea imparcial cuando lee una historia donde el cachondeo y los personajes con "mala baba" inundan cada viñeta. De todas formas, ¿¡Se ha mencionado ya que el Capitán América es apresado por unos... franceses!?

martes, 16 de abril de 2013

Los Siete Magníficos


Viajero: ¿Y desde cuándo no dejan aquí enterrar a los indios en el cementerio?
Enterrador: Desde que el pueblo se civilizó, señor...

Título original: The Magnificent Seven
Director: John Sturges
Actores: Yul Brynner, Steve McQueen, Charles Bronson, Eli Wallach, James Coburn, Horst Buchholz, Robert Vaughn, Brad Dexter, Whit Bissell, Vladimit Sokoloff
Año: 1960
Duración: 126 minutos (aprox.)
Trailer: En V.O.

 Parece ser que el bueno de John Sturges se quedó encantado con la (ahora) famosa obra de Kurosawa Los Siete Samuráis y decidió rodar su propia versión cambiando las katanas por revólveres y los samurais por tíos duros de verdad... y el experimento le salió perfecto.
 
 Los Siete Magníficos es una obra al que pueden aplicársele varias características: un remake, una cantera de actores famosos (la mayoría de los actores de la película que os resulten familiares empezaron su éxito aquí), el primer western "grupal", la primera muestra de western crepuscular pero, sobretodo, es una P.O.M. sin discusión. La película nos sitúa en un pueblo fronterizo acosado por un bandido sin escrúpulos (Calvera), en donde la necesidad de defenderse (dada la pasividad de las autoridades "competentes") obligará a sus habitantes a buscar quienes les enseñen a defenderse. Un argumento simple que esconde momentos míticos de la historia del cine: el reclutamiento de los pistoleros (desde el traslado del cadáver de un indio hasta la llegada al pueblo de marras), el acercamiento de los pistoleros a la sencilla vida campesina, el primer enfrentamiento entre Los Siete Magníficos y Calvera, o el apabullante tiroteo final.
 
 Los actores se lo toman en serio y desprenden carisma por todas partes: Yul Brynner es simplemente El Pistolero Más Duro Que Ha Existido, McQueen es el aventurero mujeriego que cuenta chistes, Bronson es tan fuerte como buenazo, Wallach es el villano de opereta que se autojustifica en cada momento, Coburn es como Oliver Aton pero con armas en vez de balón, Vaughn es el magnífico mejor vestido, Dexter es el pesetero gracioso y Buchholz pues un alemán haciendo de mejicano... Y todos con su minuto de gloria (más o menos), como debe ser.
 
 Las frases lapidarias se suceden cada minuto, más o menos: "Un hombre así sólo compite consigo mismo", "Lo nuestro no es resolver tus problemas, lo nuestro es el plomo...", "Es el mejor tiro que he visto nunca", "No, es el peor...", "No tengo nada que demostrar a nadie... salvo a mí mismo", "Enemigos: 0... vivos"; la mítica banda sonora acompaña en los momentos más necesarios, para resaltar la épica del asunto que se traen entre manos los pistoleros; se pegan más tiros que en una guerra de verdad; y, mientras el maestro Sturges monta planos y coreografías de acción... ¡La filosofía y la crítica social se dejan caer por ahí como si nada!
 
 Hasta la llegada de Los Siete Magníficos, los pistoleros del cine eran los tíos guays que llegaban, arreglaban el problema y se quedaban con la bella dama para formar una familia y vivir cristianamente. Aquí no, aquí los pistoleros empiezan a ser inadaptados sin futuro ni pasado, sin esperanzas ni pasiones, que viajan sin rumbo de camino a ninguna parte. Y, lo mejor de todo, es que son conscientes de ello: la conversación de Bronson con los niños (paliza incluida), Dexter hablando del tiempo, la conversación McQueen-Brynner cuando todo está perdido, los reproches de Chico, la conversación final...
 Como en todo clásico que se precie, los rumores y las historias "detrás de las cámaras" abundan por todas partes: que McQueen intentaba robar en cada plano el protagonismo a Brynner, que ambos se odiaban (aunque yo lo que veo en pantalla es una química brutal entre ambos, heterosexualmente hablando) e incluso que Brynner hacía montoncillos con la tierra donde tenía que estar al lado de McQueen para estar más alto... Y, como en todos los clásicos con leyendas urbanas, al que ésto escribe le da bastante igual mientras el resultado sea tan bueno como Los Siete Magníficos.

 El apabullante éxito de Los Siete Magníficos permitió la creación de tres olvidables secuelas (El Regreso de los Siete Magníficos, La Furia de los Siete Magníficos y El Desafío de los Siete Magníficos) y una simpática versión futurista (Los Siete Magníficos del Espacio) que no fueron capaces de acercarse a la calidad y profundidad de la original.

 Seguro que habrá westerns mejores, incluso alguien asegurará que hay películas mejores que este clásico atemporal. De hecho, alguien hasta se atreverá a opinar que es una mala película... Pero no importa, Los Siete Magníficos es uno de los imperdonables del cine y hay que verla como mínimo varias veces antes de morir.

jueves, 26 de mayo de 2011

All Star Superman

Clark Kent: …Les diré cómo me has ayudado, y cómo has sofocado el motín… Lex, sé que no eres del todo malo…
Lex Luthor: Siempre me has caído bien, Kent. Eres un humano humilde, modesto y descoordinado. Eres todo lo que él no es. Pero sólo eres un arma más en mi guerra contra Superman. Mira con qué facilidad hago que uno no se pueda fiar de ti, ni de tu periódico ni del sistema penal. “…Y entonces, el inimitable Lex Luthor abrió el suelo y le estrechó la mano a un babuino disfrazado de Superman…”. Buenas, Leopold.
Leopold: {Raark}. {Hrrauuf}.

Editorial: Planeta DeAgostini
Guión: Grant Morrison
Dibujo: Frank Quitely
Nº de páginas: 304
PVP: 20 €


A estas alturas nadie puede dudar de que Grant Morrison es un guionista especial. Da igual si te entran arcadas cada vez que oyes su nombre o, al contrario, sientes una excitación inusual cuando estás a punto de leer alguna obra escrita por él. Hay que reconocer que se ha de ser especial para producir sentimientos tan extremos sin posibilidad de término medio. Yo, que caí en sus garras con sus New X-Men, no tenía ninguna duda en situarlo en el olimpo de los mejores: New X-Men, Animal Man, Doom Patrol, etc. son razones más que suficientes para ello. Sin embargo, nunca creí que ni siquiera él consiguiera que hiciera lo impensable: comprarme un cómic de Superman, y que me gustara. Personalmente, es un personaje que nunca me ha atraído. Los guionistas necesitan excusas y chorradas argumentales para impedir que el hijo favorito de Krypton no acabe la aventura de turno en tres o cuatro páginas. No es que no me emocionara cuando cogió el escudo del Capi y el Mjolnir en el JLA/Vengadores o que no disfrutara con su batalla contra Magedón, pero simplemente no es santo de mi devoción. Aunque puede que sea esta la razón de que me guste esta obra.


Lo que nos ofrece Morrison en su All-Star Superman es la historia de Superman, separada de la continuidad del personaje pero con constantes referencias a ella. Así, nos encontramos con todo lo que ha envuelto a Superman a lo largo de su historia (Smallville, Doomsday, la Zona Fantasma, Lex Luthor, Mundo Bizarro, etc.) pero como nunca antes lo habíamos visto; puede que esto sea, probablemente, lo que más moleste a los fans acérrimos del personaje. Lo que más me ha sorprendido a mí, en mi humilde opinión, es la habilidad con la que Morrison ha creado una impresionante obra de ciencia-ficción en la que nos habla de devoradores de soles, paradojas temporales, realidades dentro de realidades o las fuerzas primordiales del Universo con la excusa de contar una historia de Superman.


Como era de esperar, hay dos personajes destacados en la trama que brillan con luz propia. Kal-El, por supuesto, el ser superpoderoso con mentalidad de paleto de Kansas que confía más en las capacidades del ser humano que el propio ser humano y, sin lugar a dudas, el genio inigualable de Lex Luthor. Su presencia puede rastrearse a lo largo de toda la historia, pero es su histrionismo en las apariciones más directas lo que marca la diferencia. Porque hay que reconocer que alguien cuya inteligencia sólo puede compararse a la sensación de impotencia que el produce alguien como Superman sólo puede comportarse ante el resto del mundo como lo muestra Grant Morrison.


Los dibujos del tomo corren a cargo de un colaborador habitual de Morrison, Frank Quitely (entintado por Jamie Grant). Generador de opiniones tan dispares como las que inspira Morrison, sin ser de mi agrado y con el dudoso honor de ser uno de los que dibuja a las mujeres más feas del cómic (actual o anterior, da igual), aporta a la narración unos diseños de página elegantes y bastante clásicos, con pocas transgresiones ni rupturas de viñeta. Incluso voy a reconocer, sin que sirva de precedente, que encuentro guapa a Lois Lane en algunas viñetas…


La edición la completan unos artículos introductorios a cargo de Bob Schreck (Editor DC) y Mark Waid, que no conviene leer hasta haber acabado el cómic porque contienen “demasiada” información, breves biografías de los autores y un “Checklist” con las obras relacionadas con Superman publicadas por Planeta. Tanto si eres fan del Hombre de Acero como si no, ames u odies a Morrison y/o a Quitely, seas aficionado o no a la ciencia-ficción, estamos ante una obra auto-conclusiva, entretenida y altamente recomendable que no dejará indiferente a mucha gente, por no decir a todo el mundo.

viernes, 10 de diciembre de 2010

En la boca del miedo



Friki: Puedo ver...
John Trent: ¿Cómo?
Friki: He conseguido verte...
John Trent: Bueno... Eh... Me alegro mucho...


Título original: In The Mouth of Madness
Director: John Carpenter
Actores: Sam Neil, Julie Carmen, Jürgen Prochnow
Año: 1995
Duración: 95 minutos (aprox.)
Trailer: En V.O.

El brillante director de geniales obras como La Noche de Halloween, La Cosa, Rescate en Nueva York o Están Vivos puede hacer todas las bazofias que quiera a partir de los 90. Después de sus espectaculares aportaciones al cine, nadie le va a criticar por chorradas como Vampiros, Fantasmas de Marte o El Pueblo de los Malditos. Pero da igual, nuestro amado Carpenter se guardó una de sus obras maestras para la mitad de los 90; por esta razón, al parecer, ha sido injustamente olvidada. Así, sin demasiadas espectativas y conociendo el lamentable nivel de nuestro genio a partir de la década de los 90, comenzó el visionado de En la boca del miedo. El resultado no ha podido ser más perturbador: desde hace semanas estoy metido en una discusión conmigo mismo sobre la necesidad de ponerla al nivel de La Cosa o (¡¡¡Herejía!!!) situarla un peldaño por encima.

El comienzo no puede ser más prometedor: John Trent, nuestro protagonista (un Sam Neil espectacular en el inicio), es encerrado en una celda acolchada para, minutos después, contarle la historia de cómo acabó allí a un enviado del gobierno. Y es la historia en la que este investigador de fraudes y estafas es contratado para intentar descubrir la verdad sobre la desaparición de un escritor de noveluchas de terror, Sutter Cane, la que usa Carpenter para adentrarnos, poco a poco pero sin pausa, en un viaje por el horror. Pero no un "horror" de los que se ven ahora en los cines, donde sólo salen litros de pintura roja y miembros cercenados, no. Un horror de los de tentáculos deslizándose por las sombras, una sensación de que un primigenio nos observa desde más allá de los límites de la razón, algo que hurga en los recovecos de la mente hasta que sólo puedes gritar...

Efectivamente, los fans de la obra de Lovecraft pueden disfrutar gracias a Carpenter de la única aproximación cinematográfica a estos mundos que no da ganas de llorar ni vomitar, y lo consigue sin llegar a mencionar a Cthulhu. Utilizando todos los trucos y artimañas de los que dispone, Carpenter nos va introduciendo mediante sustos, ambientación opresiva, momentos oníricos perturbadores y maquillaje barato en una pesadilla de la que no podrás salir fácilmente. El paseo del hombre del hacha, la conducción nocturna por la carretera y, como no, el final han conseguido marcar mi memoria cinematográfica como las pruebas de sangre, la angustia o el final de La Cosa. Unos actores hábilmente dirigidos por Carpenter (con un papel testimonial para el gran Charlton Heston incluido), con un especialmente inquietante Jürgen Prochnow, y una historia que se podría comparar a la de El Rey Amarillo de Lovecraft (dirigida por David Lynch, por lo menos) completan esta maravilla de la que poco se ha hablado en la extensa lista de genialidades del director. Maravilla a la que sólo se le puede criticar (sin demasiada dureza, por supuesto) la apariencia de algunos de los entes que pupulan por ella y parecen ser descartes de los monigotes de La Cosa, aunque esto no sorprenderá a los conocedores de la "racanería" de Carpenter. ¿Se le puede pedir más a una joya cinematográfica? Aquí hay más: debates sobre la realidad, la locura, un manejo del tiempo soberbio (tanto de duración de la cinta como tiempo en la ficción) y la capacidad de soportar revisionados sin perder interés.

Hay que señalar otra injusticia que se ha hecho con esta POM. Al hablar de elipsis temporales en el cine, a la gente se le llena la boca con la escena de Conan con la rueda o De Niro en la estación de Érase una vez en América; sí, nada que objetoar, muy buenas pero... ¿Nadie menciona la que se produce en esta película cuando, digamos, "salen del pueblo"? En efecto, una nueva injusticia que sufre este gran director.

Poco más se puede añadir para no estropear la diversión que encierra este rompecabezas, sólo se necesita ocupar el sofá favorito de cada espectador, apagar las luces y prepararse para ver la (hasta ahora) última obra maestra de un genio. Si sólo pudiera volver a ver La Cosa para acabar de decidirme por la obra más maestra de este maestro...

jueves, 8 de julio de 2010

Capitán América


Capitán América: ¿Cuál es su agenda oculta esta vez (la de Nick Furia)?¿O crees que no he visto esas miradas significativas que os habeis echado?
Agente 13: No quiero hablar de eso. Vamos a concentrarnos en esto.
Capitán América: Sharon...
Agente 13: Vale. Quiere que averigüe si has matado a Cráneo.
Capitán América: ¿Qué?
Agente 13: Lo sé. Le dije que ni hablar. No importa lo que te esté pasando ahora. No eres un asesino, y nunca lo serás.


Editorial: Panini
Guión: Ed Brubaker
Dibujos: Steve Epting, Michael Lark
Serie Regular, también en tomos recopilatorios.

No puedo negar que lo primero que me atrajo de esta colección fue el saber que iban a resucitar a Bucky. En realidad, que Ed Brubaker iba a hacerlo. Así que no pude resistirlo y quise ver lo que sin duda sería uno de los momentos más ridículos del mundo del cómic. Sin embargo, la resurreción del eterno compañero del Capitán América fue mucho menos ridícula que otras que nos hemos tenido que tragar (la de Coloso, las últimas de DC, algunas de Magneto...) y, cuando me quise dar cuenta ya estaba enganchado a las sutiles tramas que Brubaker tejía en la colección. La muerte del Capitán América ni fue una sorpresa ni iba a ser para siempre, y menos en una colección que para entonces ya parecía la autopista de la resurrección (Bucky, Cráneo Rojo, el Dr. Fausto, etc.), pero la verdad es que hizo la colección aún más interesante sin su protagonista.

Para su propia sorpresa y la de muchos otros, Brubaker consiguió dotar de una entidad y dignidad suficientes a los secundarios que poblaban la serie que hacía que valiese la pena aún sin Steve Rogers. La Agente 13, Bucky, Calavera, Halcón, el Dr. Fausto e incluso Tony Stark resultaban interesantes (este último mucho más que en todo lo que duró la absurda Civil War, por cierto) e hicieron de estos números algo único, bastante alejado de la típica historia de superhéroes y centrándose más en el espionaje, la política y los engaños antes que en grandes combates entre personajes disfrazados. Y todo ello sin recurrir demasiado al método "me-cago-en-la-continuidad" del que suele abusar el guionista. A los lápices, un soberbio Steve Epting asombraba a propios y extraños con sus viñetas oscuras y perfectamente adecuadas para las historias intrigantes de Brubaker. Sustituido ocasionalmente por profesionales competentes, ha dejado grandes escenas para el público: los combates en las alcantarillas contra IMA (perdón, AID), el Soldado de Invierno, el sutil rediseño de Calavera...

Y así ha ido esta notable colección, entre el plan maestro de Cráneo Rojo, el pasado de Bucky como Soldado de Invierno, la muerte del Capi y su sustitución. Entre tantas historias buenas, era inevitable que el estilo "barriobajero" de Brubaker saliera más tarde o más temprano... Y así fue, en la saga que nos narra la "resurrección" de Steve Rogers (publicada en España en un único tomo al margen de la serie regular con el sutil título de Capitán América: Renacimiento). Dibujado por un Bryan Hitch con prisas o en horas bajas (no lo sé), Brubaker nos sumerge en una tontería tras otra para acabar mostrándonos el lamentable plan final de Cráneo Rojo, con un montón de mini-MODOKs de regalo. Lo mejor es ignorar esta parte de la obra, ya que se sabía que Rogers tenía que resucitar.

Sin saber cómo continuará Brubaker con dos Capitanes América (oficiales) en la colección ni si el lamentable tomo de Renacimiento indica que se le han acabado las ideas o era una obligación impuesta por la editorial, sólo puedo quitarme el sombrero ante lo que hizo durante cerca de 50 números con la colección del Capitán América, olvidar Renacimiento y rezar para que Brubaker siga teniendo suerte con los guiones de la colección...